Las Vacas Sagradas
julio 10, 2008 at 10:26 am Deja un comentario
En nuestra sociedad occidental pocas personas son las que observan con “asombro” que la urbanización de ciudades, así como las redes de comunicación están orientadas para el empleo masivo del automóvil. El coche es un invento que nos facilita a muchos la rutina diaria, aunque últimamente resulte caro. Su necesidad hoy en día es indudable. Su influencia en todo lo que nos rodea llega más allá de lo que aparentemente podamos percibir. Y se puede afirmar que el automóvil no es solo transporte de personas y mercancías, es un estilo de vida que nos permite mantener nuestro sistema consumista fuera de las pequeñas fronteras locales accesibles a pie. Por esto y por otros motivos que no son tema de este post, hay quien afirma que el automóvil es la Vaca Sagrada de nuestra civilización.
Todo lo anterior no supone una novedad, aunque sí mi siguiente afirmación. El Perro es otra Vaca Sagrada. El perro, ese animal de compañía desde tiempos que no recuerdo, fue adiestrado por el hombre para suplir algunas necesidades, como el pastoreo o la vigilancia. Estas necesidades se siguen manteniendo todavía en ciertos lugares, y por supuesto en ciertas circunstancias. Pero nuestra avanzada sociedad ha creado para nuestro fiel amigo otras funciones para las que aparentemente no estaba preparado, ahora, también cumple el papel de amigo mudo, fiel cumplidor de ordenes, abonador natural de parques públicos… y por supuesto aceras.
Si. El perro es otra vaca sagrada. El perro tiene libertad para ir marcando su territorio impunemente por aquellos lugares que visita. Quince mil, de las antiguas pesetas, me cayeron de multa cuando de joven, en una noche de fiesta, a oscuras y con alevosía, se me ocurrió acercarme a una pared para aliviar mi necesidad. En los tiempos de los que hablo, no estaba de moda estas superconcentraciones de macrobotellones, tampoco existían estos macroconciertos megaorganizados con baños públicos portátiles. En los tiempos de los que habló, la democracia aún era democracia, y lo litros de cerveza se bebían a escondidas entre cuatro o cinco amigos, y sin duda el incivismo era castigado por ley sin que nadie recurriese al juzgado por ver vulnerada su libertad de expresión.
Ahora que la democracia está madurando, se puede comprobar como hemos avanzado a una sociedad más justa, libre, y por supuesto cívica. Ahora que la democracia se ha consolidado como un ente de bienestar social, podemos sacar nuestras mascotas a pasear y a la luz del día, en el parque o en la acera, rodeado de niños y ancianos, en días laborables, y sin ningún pudor, dejamos que la naturaleza actúe y nuestros perritos se desahoguen dejando su huella más amable en ese rincón de nuestro barrio que más molesta, para que todos podamos observar que el tamaño importa.
Lo dicho, para que seguir negando la evidencia, convirtamos nuestras mascotas en sagradas, y aunque no consigamos ser más limpios si seremos menos hipócritas.
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