Archivo para junio, 2008
El Santo Oficio
Quizás no sea casualidad que la tierra del Cid, ese que todos conocemos como héroe que nos liberó, dentro de sus limitadas posibilidades, del yugo musulmán, pretenda ahora buscar nuevos héroes que nos defiendan de la laicidad y los inoportunos Derechos Humanos.
Siglos más tarde y ya hace casi dos cientos años de la desgracia. El Santo Oficio, liberador de los malos espíritus sociales e implantador del pensamiento único, ejerció su potestad inquisidora contra un maestro valenciano que luchó por defender a su país de las garras francesas. Cayetano Ripoll, tuvo la suerte de pasar a la historia por ser el último quemado, habiendo cometido el delito de practicar enseñanzas que no seguían fielmente la doctrina cristiana. Bueno en realidad murió ahorcado como símbolo de caridad.
Ahora con aires más renovados y camuflados detrás de la defensa de la libertad y la democracia, el clero está haciendo de las suyas. Desde la implantación de la asignatura Educación para la Ciudadanía, la iglesia está invirtiendo esfuerzos, tiempo y dinero para que fracase. El fomento de la objeción ha sido todo un despropósito, solo un puñado de fundamentalistas con muchas ganas de dar la lata han hecho seguidismo de la propuesta. Sin embargo, los representantes de nuestra religión pseudo-oficial han optado por mantener la propuesta como elemento de confrontación política contra el actual gobierno.
Todo ello no dejaría de ser una mera anécdota que pasaría a la historia sin más, a no ser que determinadas comunidades gobernadas por el mismo color político de la actual oposición hayan hecho bandera de las reivindicaciones morales de la iglesia.
La Comunidad Valenciana, la heredera de aquellos héroes nacionales, es noticia estos días por la sanción que quiere imponer a los centros que se nieguen a impartir la asignatura en algunos de los idiomas co-oficiales de la comunidad. El inglés. A tal punto llega el absurdo político, que desde la obligatoriedad de cursar la polémica materia, ésta comunidad ha realizado multitud de propuestas para mejorar el servicio educativo.
Primero, publicitó que aquellos alumnos que no cursarán la asignatura no sería suspendidos, ejerciendo su “papel legal” de educadores de la sociedad. Luego, se propuso la creación de un censo con todos aquellos alumnos que no quisieran cursarla, resultado a día de hoy; noventa alumnos, todo un éxito. Y ahora quieren, viendo que la gente pasa totalmente de este tipo de polémicas prediluvianas, que los centros la impartan en inglés.
Cualquiera diría que lo que quieren es que no vayan los alumnos a clase, tomar las cifras de absentismo como ciertas y vendernos la moto de lo preocupados que están los padres con el adoctrinamiento moral del Estado.
El tiempo que la iglesia lleva invertido en la lucha contra la asignatura debería abrir un debate más serio sobre el modelo de educación, y más profundamente sobre el modelo organizativo y representativo de nuestra sociedad. Esta pugna por la defensa de la educación en valores debería poner de manifiesto que, si bien no somos capaces de llegar a un acuerdo lógico, es preferible que se enseñen fuera del foro educativo común.
Hoy, el Santo Oficio no quema herejes. Aunque estoy seguro que ganas no les falta. Hoy, el Santo Oficio ejerce todo el poder acumulado durante estos largos dos milenios para mantener su adoctrinamiento, evitando que surjan nuevos librepensadores. Aquellos que transmitieron los mejores valores a Ripoll cuando permaneció cautivo en el país vecino.
El Artículo 20
La Constitución del 78 ha traído avances importantes a nuestra sociedad. Pero hay uno del cual no se suele hablar que representa claramente los tiempos pasados. Afirmar que políticos o jueces gozan de inviolabilidad en el ejercicio de sus funciones quizás no sorprenda; aunque si hablamos de la inviolabilidad del domicilio tampoco será motivo de sorpresa a no ser que recordemos que hasta hace muy poco tiempo, nuestro hogar, lugar donde la familia goza las vivencias más íntimas, podía ser asaltado sin permiso por cualquier autoridad que merodease a nuestro alrededor.
La libertad de expresión, ha sido otro avance que ha permitido que aquellos censores impolutos pasaran a engrosar la lista del paro. La reciente Sentencia del Juzgado de lo Penal Nº 6 de Madrid, donde el imputado D. FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS ha sido condenado a pagar una multa de 100 euros diarios durante 12 meses, ha puesto de manifiesto que después de treinta años de aprobar la Constitución no sabemos que es, expresarnos con libertad.
La Sentencia recoge en sus “Hechos Probados” como el locutor de radio respondió con dureza a la entrevista que D. ALBERTO RUIZ-GALLARDON JIMENEZ prestó al grupo Vocento, en un acto convocado por el Diario ABC. La dureza de los comentarios radiofónicos provocó la querella, y lejos de amilanarse, el conductor del programa de la COPE continúo persistentemente en su empeño ofensivo.
El Sr. JIMENEZ LOSANTOS, es uno de esos personajes que provocan sentimientos dispares. Hay quien lo odia profundamente. Por el contrario, tiene infinidad de seguidores incondicionales. En este contexto, tanto la cadena que acoge dicho locutor, como el propio protagonista, debieran hacer un ejercicio de responsabilidad y no buscar amparo en la reconocida libertad de expresión, cuando el mismo artículo constitucional que la legaliza prevé límites al mencionado derecho. El honor y la propia imagen, en definitiva el respeto a los demás, es un valor individual tan elemental que debería adquirirse por educación y no por reglamentación jurídica.
Ahora la cadena de Radio Popular, S.A. Cadenas de Ondas Populares (COPE), a pesar de su comunicado oficial defendiendo a capa y espada a su empleado, tiene una oportunidad de oro. Rectificar su actitud de enfrentamiento hacía una gran parte de esta sociedad y convertir su poder mediático en una entidad constructiva, una entidad donde la información sea una descripción de los hechos ocurridos, las opiniones busquen valorar situaciones, y los debates sirvan para resolver problemas, mejorar nuestra sociedad, y señalar aquellos abusos que los ciudadanos desconocemos.
Para ofrecer una información veraz e imparcial, no es obligatorio el empleo de un vocabulario burlón. Para informar con seriedad, las formas son tan, o más, importantes como el fondo de la noticia.
Por suerte, la inviolabilidad del domicilio, aquel derecho adquirido y del que nadie se acuerda, sigue siendo un concepto virgen. Nadie tiene interés en malversar su significado, y por el momento podemos disfrutar de la intimidad del hogar entre los nuestros. Desgraciadamente la libertad de expresión, no es sólo un derecho, es un poder al servicio de los medios de comunicación que pretenden violar para que sirva a sus intereses.
El Analfabeto Analógico
Hoy, 15 de junio de 2008, estreno blog.
Soy de esa generación que estuvo a caballo entre la era analógica, el televisor en blanco y negro, y la era digital doméstica iniciada con la aparición de los primeros ordenadores de ocho bits.
Nunca he sido un niño precoz en esto de la informática. Llegaba tarde a todos los nuevos conocimientos, y me limitaba a salir airoso evitando caer en la obsolescencia generacional. Aún recuerdo con nostalgia aquellas palabras que aprendí y hoy las encuentro desaparecidas de los libros temáticos. ¿Qué habrá sido de la palabra “baudios”? ¿La usa alguien todavía? O de la españolada UCP, cuando se pretendía adaptar los vocablos ingleses a nuestra lengua. Sin duda el tiempo ha demostrado que las nuevas tecnologías, como ahora la llaman, es capaz de generar más conceptos de los que la burocracia lingüística es capaz de absorber.
Pero este no es el tema de mi primer post. No es el tema de este blog. El tema, después de tantas horas y horas, días y días, y años y años de lectura, incluso de estudio forzoso a la informática para evitar caer en, lo que en la década de los ochenta se llamaba, el analfabetismo digital. Debo decir en mi favor que por fin lo he conseguido, todo este tiempo invertido no ha sido en balde, me ha servido para convertirme en un maravilloso y actualizado, analfabeto analógico.
Un saludo y espero este blog sea del agrado del lector ocasional.