La Justa Venganza
Ese personaje, cuyo nombre no me atrevo a escribir, pretende sensibilizar a la opinión pública de la inmensa injusticia, persecución y desprestigio, a la que los medios de comunicación le están sometiendo. Ese personaje, fanatizado seguramente en sus años de juventud, tuvo un padre afiliado a la falange y condecorado por el Generalísimo. Los méritos de su progenitor no hacen dudar de la ideología familiar. Ideología que se camufla tras diversos abrigos, derechas, izquierdas o moderados, pero que en el fondo solo pretenden imponer una verdad única e inamovible como garantía del ordenamiento social, salva patrias universal y castigadora de toda libre expresión ajena a la ideología en cuestión.
Ese personaje, que hace huelgas de hambre a base de mortadela, pronto podrá disfrutar del champán que nunca le llevaron en su calabozo y atiborrarse de gambas, marisco, caviar u otras delicias propias de las celebraciones más horteras. Ese personaje a cumplido su condena, ha pagado su deuda, y después de tantos años nuestro imperfecto método punitivo no ha conseguido otra cosa que liberar a un ser tan miserable y ruin como aquel que hace años ingresó en prisión.
Tiene suerte esta hermosa persona, de alma misericordiosa, de buenas intenciones, pero aún sin educar, que el sistema penal españolista, basado en la tortura, según algunos, la coacción y la imposición, tenga una base tan socrática que observa con buenos ojos a todos sus conciudadanos, y con actitud paternalista no busca el castigo como fin, sino la reinserción e integración de todo aquel que comete un delito, ofreciéndole una segunda, a veces una tercera o cuarta oportunidad, en este sacrificado mundo para que pueda vivir con honradez y en paz, empezando desde cero.
Esa oportunidad que se le negó a las veinticinco victimas de éste monstruo mental, definición al más puro estilo de Séneca, quién afirmaba que no es hombre de bien aquel que no controla su ira. Aquel que dominado por el odio como justificación de no se que ideología, derechos o privilegios, mata a sus iguales, destruye familias, generando odios innecesarios y haciendo que la masa españolista justifique la venganza como castigo, la cadena perpetua o la pena de muerte. Haciendo que nuestro aún mejorable sistema judicial abandone el ingenuo ideal de bondad socrático, aproximando el sentimiento colectivo a penas basadas en la Justa Venganza, retrocediendo siglos de avance social, y dando alas de justificación a aquellos que aún creen en los estados policiales que se ponen la chaqueta de cualquier ideología de moda, pero que en el fondo están vacías de contenido y terminan cayendo en su propia necedad.
Ese personaje con Documento Nacional de Identidad Español y cuyo nombre no me da la gana de escribir, al igual que la centena de delincuentes que piensan como él, no debería siquiera hacernos dudar de nuestro sistema. Que sin duda mejorable, es mejor que el que ellos ejercitan. Aunque no puedo negar, que a este en concreto no me hubiese importando que le hubieran estado reeducando en la cárcel unos cuantos años más. Quién sabe, con la edad a lo mejor aprende a valorar la vida como un bien y no como una mercancía de intercambio.
Las Vacas Sagradas
En nuestra sociedad occidental pocas personas son las que observan con “asombro” que la urbanización de ciudades, así como las redes de comunicación están orientadas para el empleo masivo del automóvil. El coche es un invento que nos facilita a muchos la rutina diaria, aunque últimamente resulte caro. Su necesidad hoy en día es indudable. Su influencia en todo lo que nos rodea llega más allá de lo que aparentemente podamos percibir. Y se puede afirmar que el automóvil no es solo transporte de personas y mercancías, es un estilo de vida que nos permite mantener nuestro sistema consumista fuera de las pequeñas fronteras locales accesibles a pie. Por esto y por otros motivos que no son tema de este post, hay quien afirma que el automóvil es la Vaca Sagrada de nuestra civilización.
Todo lo anterior no supone una novedad, aunque sí mi siguiente afirmación. El Perro es otra Vaca Sagrada. El perro, ese animal de compañía desde tiempos que no recuerdo, fue adiestrado por el hombre para suplir algunas necesidades, como el pastoreo o la vigilancia. Estas necesidades se siguen manteniendo todavía en ciertos lugares, y por supuesto en ciertas circunstancias. Pero nuestra avanzada sociedad ha creado para nuestro fiel amigo otras funciones para las que aparentemente no estaba preparado, ahora, también cumple el papel de amigo mudo, fiel cumplidor de ordenes, abonador natural de parques públicos… y por supuesto aceras.
Si. El perro es otra vaca sagrada. El perro tiene libertad para ir marcando su territorio impunemente por aquellos lugares que visita. Quince mil, de las antiguas pesetas, me cayeron de multa cuando de joven, en una noche de fiesta, a oscuras y con alevosía, se me ocurrió acercarme a una pared para aliviar mi necesidad. En los tiempos de los que hablo, no estaba de moda estas superconcentraciones de macrobotellones, tampoco existían estos macroconciertos megaorganizados con baños públicos portátiles. En los tiempos de los que habló, la democracia aún era democracia, y lo litros de cerveza se bebían a escondidas entre cuatro o cinco amigos, y sin duda el incivismo era castigado por ley sin que nadie recurriese al juzgado por ver vulnerada su libertad de expresión.
Ahora que la democracia está madurando, se puede comprobar como hemos avanzado a una sociedad más justa, libre, y por supuesto cívica. Ahora que la democracia se ha consolidado como un ente de bienestar social, podemos sacar nuestras mascotas a pasear y a la luz del día, en el parque o en la acera, rodeado de niños y ancianos, en días laborables, y sin ningún pudor, dejamos que la naturaleza actúe y nuestros perritos se desahoguen dejando su huella más amable en ese rincón de nuestro barrio que más molesta, para que todos podamos observar que el tamaño importa.
Lo dicho, para que seguir negando la evidencia, convirtamos nuestras mascotas en sagradas, y aunque no consigamos ser más limpios si seremos menos hipócritas.
El Santo Oficio
Quizás no sea casualidad que la tierra del Cid, ese que todos conocemos como héroe que nos liberó, dentro de sus limitadas posibilidades, del yugo musulmán, pretenda ahora buscar nuevos héroes que nos defiendan de la laicidad y los inoportunos Derechos Humanos.
Siglos más tarde y ya hace casi dos cientos años de la desgracia. El Santo Oficio, liberador de los malos espíritus sociales e implantador del pensamiento único, ejerció su potestad inquisidora contra un maestro valenciano que luchó por defender a su país de las garras francesas. Cayetano Ripoll, tuvo la suerte de pasar a la historia por ser el último quemado, habiendo cometido el delito de practicar enseñanzas que no seguían fielmente la doctrina cristiana. Bueno en realidad murió ahorcado como símbolo de caridad.
Ahora con aires más renovados y camuflados detrás de la defensa de la libertad y la democracia, el clero está haciendo de las suyas. Desde la implantación de la asignatura Educación para la Ciudadanía, la iglesia está invirtiendo esfuerzos, tiempo y dinero para que fracase. El fomento de la objeción ha sido todo un despropósito, solo un puñado de fundamentalistas con muchas ganas de dar la lata han hecho seguidismo de la propuesta. Sin embargo, los representantes de nuestra religión pseudo-oficial han optado por mantener la propuesta como elemento de confrontación política contra el actual gobierno.
Todo ello no dejaría de ser una mera anécdota que pasaría a la historia sin más, a no ser que determinadas comunidades gobernadas por el mismo color político de la actual oposición hayan hecho bandera de las reivindicaciones morales de la iglesia.
La Comunidad Valenciana, la heredera de aquellos héroes nacionales, es noticia estos días por la sanción que quiere imponer a los centros que se nieguen a impartir la asignatura en algunos de los idiomas co-oficiales de la comunidad. El inglés. A tal punto llega el absurdo político, que desde la obligatoriedad de cursar la polémica materia, ésta comunidad ha realizado multitud de propuestas para mejorar el servicio educativo.
Primero, publicitó que aquellos alumnos que no cursarán la asignatura no sería suspendidos, ejerciendo su “papel legal” de educadores de la sociedad. Luego, se propuso la creación de un censo con todos aquellos alumnos que no quisieran cursarla, resultado a día de hoy; noventa alumnos, todo un éxito. Y ahora quieren, viendo que la gente pasa totalmente de este tipo de polémicas prediluvianas, que los centros la impartan en inglés.
Cualquiera diría que lo que quieren es que no vayan los alumnos a clase, tomar las cifras de absentismo como ciertas y vendernos la moto de lo preocupados que están los padres con el adoctrinamiento moral del Estado.
El tiempo que la iglesia lleva invertido en la lucha contra la asignatura debería abrir un debate más serio sobre el modelo de educación, y más profundamente sobre el modelo organizativo y representativo de nuestra sociedad. Esta pugna por la defensa de la educación en valores debería poner de manifiesto que, si bien no somos capaces de llegar a un acuerdo lógico, es preferible que se enseñen fuera del foro educativo común.
Hoy, el Santo Oficio no quema herejes. Aunque estoy seguro que ganas no les falta. Hoy, el Santo Oficio ejerce todo el poder acumulado durante estos largos dos milenios para mantener su adoctrinamiento, evitando que surjan nuevos librepensadores. Aquellos que transmitieron los mejores valores a Ripoll cuando permaneció cautivo en el país vecino.
El Artículo 20
La Constitución del 78 ha traído avances importantes a nuestra sociedad. Pero hay uno del cual no se suele hablar que representa claramente los tiempos pasados. Afirmar que políticos o jueces gozan de inviolabilidad en el ejercicio de sus funciones quizás no sorprenda; aunque si hablamos de la inviolabilidad del domicilio tampoco será motivo de sorpresa a no ser que recordemos que hasta hace muy poco tiempo, nuestro hogar, lugar donde la familia goza las vivencias más íntimas, podía ser asaltado sin permiso por cualquier autoridad que merodease a nuestro alrededor.
La libertad de expresión, ha sido otro avance que ha permitido que aquellos censores impolutos pasaran a engrosar la lista del paro. La reciente Sentencia del Juzgado de lo Penal Nº 6 de Madrid, donde el imputado D. FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS ha sido condenado a pagar una multa de 100 euros diarios durante 12 meses, ha puesto de manifiesto que después de treinta años de aprobar la Constitución no sabemos que es, expresarnos con libertad.
La Sentencia recoge en sus “Hechos Probados” como el locutor de radio respondió con dureza a la entrevista que D. ALBERTO RUIZ-GALLARDON JIMENEZ prestó al grupo Vocento, en un acto convocado por el Diario ABC. La dureza de los comentarios radiofónicos provocó la querella, y lejos de amilanarse, el conductor del programa de la COPE continúo persistentemente en su empeño ofensivo.
El Sr. JIMENEZ LOSANTOS, es uno de esos personajes que provocan sentimientos dispares. Hay quien lo odia profundamente. Por el contrario, tiene infinidad de seguidores incondicionales. En este contexto, tanto la cadena que acoge dicho locutor, como el propio protagonista, debieran hacer un ejercicio de responsabilidad y no buscar amparo en la reconocida libertad de expresión, cuando el mismo artículo constitucional que la legaliza prevé límites al mencionado derecho. El honor y la propia imagen, en definitiva el respeto a los demás, es un valor individual tan elemental que debería adquirirse por educación y no por reglamentación jurídica.
Ahora la cadena de Radio Popular, S.A. Cadenas de Ondas Populares (COPE), a pesar de su comunicado oficial defendiendo a capa y espada a su empleado, tiene una oportunidad de oro. Rectificar su actitud de enfrentamiento hacía una gran parte de esta sociedad y convertir su poder mediático en una entidad constructiva, una entidad donde la información sea una descripción de los hechos ocurridos, las opiniones busquen valorar situaciones, y los debates sirvan para resolver problemas, mejorar nuestra sociedad, y señalar aquellos abusos que los ciudadanos desconocemos.
Para ofrecer una información veraz e imparcial, no es obligatorio el empleo de un vocabulario burlón. Para informar con seriedad, las formas son tan, o más, importantes como el fondo de la noticia.
Por suerte, la inviolabilidad del domicilio, aquel derecho adquirido y del que nadie se acuerda, sigue siendo un concepto virgen. Nadie tiene interés en malversar su significado, y por el momento podemos disfrutar de la intimidad del hogar entre los nuestros. Desgraciadamente la libertad de expresión, no es sólo un derecho, es un poder al servicio de los medios de comunicación que pretenden violar para que sirva a sus intereses.
El Analfabeto Analógico
Hoy, 15 de junio de 2008, estreno blog.
Soy de esa generación que estuvo a caballo entre la era analógica, el televisor en blanco y negro, y la era digital doméstica iniciada con la aparición de los primeros ordenadores de ocho bits.
Nunca he sido un niño precoz en esto de la informática. Llegaba tarde a todos los nuevos conocimientos, y me limitaba a salir airoso evitando caer en la obsolescencia generacional. Aún recuerdo con nostalgia aquellas palabras que aprendí y hoy las encuentro desaparecidas de los libros temáticos. ¿Qué habrá sido de la palabra “baudios”? ¿La usa alguien todavía? O de la españolada UCP, cuando se pretendía adaptar los vocablos ingleses a nuestra lengua. Sin duda el tiempo ha demostrado que las nuevas tecnologías, como ahora la llaman, es capaz de generar más conceptos de los que la burocracia lingüística es capaz de absorber.
Pero este no es el tema de mi primer post. No es el tema de este blog. El tema, después de tantas horas y horas, días y días, y años y años de lectura, incluso de estudio forzoso a la informática para evitar caer en, lo que en la década de los ochenta se llamaba, el analfabetismo digital. Debo decir en mi favor que por fin lo he conseguido, todo este tiempo invertido no ha sido en balde, me ha servido para convertirme en un maravilloso y actualizado, analfabeto analógico.
Un saludo y espero este blog sea del agrado del lector ocasional.